El Apego, sus beneficios y sus riesgos

Apego emocional
El Apego, sus beneficios y sus riesgos
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Por medio de una exploración psicológica en el comportamiento de los niños, se estabelcemos teorías sobre los efectos del apego. Durante mucho tiempo este se ha centrado en la relación padre-hijo. Sin embargo, los resultados de esta exploración juegan un papel crucial en la formación de la personalidad y las relaciones adultas y se extienden a varias etapas y circunstancias de la vida. Conoce en este artículo qué es el apego, cuáles son sus beneficios y riesgos.

¿Qué es el apego?

El apego es un trastorno que se caracteriza por la incapacidad de vincularse de forma selectiva con una figura de apego, que por lo general, es la madre o el padre, en la primera infancia. Este problema puede afectar a los niños que han experimentado una ruptura en la relación madre-hijo, como en la adopción, enfermedad materna, embarazo difícil, muerte de la madre, experiencia temprana del niño en hogares de cuidado, etc.

Este desorden genera serios problemas en el ámbito emocional y social; en la confianza en sí mismo y en el respeto por las normas y estudios. De éstos eventos se derivan algunas consecuencias que son irreversibles.

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En términos generales, el apego genera una sensación poderosa de falta, una necesidad dolorosa que necesita ser satisfecha. También es una falta interna que se requiere llenar desde el exterior; una vez que se encuentra la fuente para llenar esa falta, se vuelve indispensable y crea dependencia.

Teoría del apego de John Bowlby

El psiquiatra y el psicoanalista John Bowlby, estudió el comportamiento y el desarrollo de niños separados de sus familias ya en la década de 1940 durante la Segunda Guerra Mundial. En 1951, conceptualizó la teoría del apego en torno a la idea de que el niño nace en el mundo biológicamente preprogramado para construir el apego con los humanos, es decir, una capacidad innata de supervivencia.

De hecho, los comportamientos de apego se activan gritando o llorando, cuando el niño se siente amenazado, como es el caso durante una separación, cuando se siente inseguro o asustado.

En esta situación, el niño es incapaz de regular sus emociones solo. Sus gritos y lágrimas indican su incomodidad y solicitan la atención de su figura de apego para consolarlo. Para desarrollarse sanamente, el niño necesita establecer una relación cálida, consistente y predecible.

Cuando la figura de protección responde al niño con una buena conexión emocional, el niño internaliza gradualmente la presencia de su madre o protector, lo que le permite, mientras crece, regular sus emociones.

El apego seguro desarrollado con su figura principal se convierte entonces en su base, desde la cual puede explorar sin temor el mundo. Un niño necesita atención materna continua durante los primeros dos años de vida. Si, durante estos dos años críticos, la figura de apego del niño es inestable, no está disponible o incluso es hostil, el niño sufrirá consecuencias cognitivas, sociales o emocionales de esta falta de seguridad primordial.

Tipos de apego

Es a partir de la observación de las reacciones de los niños a la ausencia de la madre que Mary Ainsworth, en 1970, siguiendo a Bowlby, estableció la clasificación del apego infantil en cuatro categorías. Sin embargo, estos tipos trastornos de apego, aplican no sólo para los niños, sino a cualquier persona, de cualquier edad y estatus social.

  • Apego seguro
  • Apego ambivalente / ansioso inseguro
  • Apego de evasión / inseguro
  • Apego desorganizado / desorientado

Apego seguro

En esta clasificación se encuentra una persona que ha construido una relación sana, con padres amorosos, relaciones normales y límites saludables. Una vez en la adultez, esta persona habrá construido una identidad basada en el amor que recibió cuando era niño, al saber que sus padres estaban allí para ayudarle y que creció sintiéndose bien consigo mismo, en un entorno seguro y saludable.

Por lo tanto, no tendrá que buscar valor en otras personas, y la falta de atención de una pareja o cualquier dificultad en cualquier relación, no lo hará sentirse, devastado, rechazado o sin valor, porque tiene una relación segura consigo mismo y se siente fortalecido para enfrentarla.

Apego de tipo ambivalente

Una persona con apego ansioso o ambivalente, interpretará las situaciones que encuentra con su figura de apego, según cómo se sienta ella misma. Es decir, sus reacciones no siempre se basan en la realidad, sino en sus emociones. Por ejemplo, la menor pérdida de atención de su figura de apego, provocará en ella una reacción ansiosa, vinculada al miedo al rechazo, y le hará pensar que algo anda mal en la relación.

Una vez en este estado de ansiedad, la persona se verá incapaz de razonar y de calmarse hasta que su figura de apego le demuestre que todo está bien.

El apego ansioso causa miedo al rechazo por una figura de apego y por perder la seguridad asociada con esa relación. Las personas con un tipo de apego ambivalente o ansioso, regularmente experimentan emociones negativas que conducen a relaciones conflictivas y frágiles.

Apego de evasión

En este tipo de apego, por el contrario, se encuentran las personas que son muy independientes y autosuficientes. Esta persona buscará alejarse de su figura de apego, si ésta hace algo que le desagrada o huye de cualquier confrontación.

Se trata de una persona muy desapegada, que ve fácilmente las fallas de su figura de apego y reconoce cuando ésta le hace sentir completamente sofocada si requiere demasiada atención. Aquí la persona no muestra emociones con facilidad, a veces parece fría y se mantiene a la defensiva; no se siente necesariamente cómoda en la intimidad y no confía fácilmente.

Apego desorientado

Sin lugar a dudas, es el más grave de todos los tipos de apego. Son personas traumatizadas desde edades muy tempranas. En una situación extraña no tienen un patrón claro de comportamiento, pueden manifestar una conducta de apego muy fuerte, buscar la evitación o quedarse paralizados como en un estado de congelación.

Estas personas oscilan entre la angustia, la búsqueda de respuesta emocional en su figura de apego, el enfado, la evitación y el alejamiento. Perciben a protectores como figuras atemorizantes e impredecibles, ya que éstos, adoptan estrategias de cuidado totalmente incoherentes.

En consecuencia, la persona interioriza una representación del mundo como caótico y desorganizado; y en un intento de protegerse, manifiesta comportamientos aparentemente inconexos y faltos de sentido, que no son sino, más que estrategias defensivas para combatir el dolor asociado a aquellas figuras que deberían tranquilizarlo y aliviarlo.

Cuando la persona experimenta este tipo de apego desde su niñez, crece teniendo grandes dificultades para regular sus estados emocionales y para mantener relaciones sanas. Sin lugar a dudas, de los tipos de apegos inseguros, este es el que más se ha asociado al desarrollo de cuadros psicopatológicos.

La relación con nuestras figuras de apego durante la niñez repercuten en nuestra forma de relacionarnos como adultos

¿A qué llamamos apego emocional?

El apego emocional, en general, se puede reflejar hacia cualquier persona, animal o cosa. El apego emocional y el amor en realidad están interconectados, pero son parcial y distintivamente diferentes.

Los seres humanos estamos unidos por objetos, eventos y personas. Nos apegamos con nuestras pertenencias personales, un lugar especial, rutinas, ambiente, atmósfera, en fin, casi todo. Pero cuando existe un apego emocional desproporcionado, la persona se vuelve egocéntrica y tiende a alimentar sus necesidades con ciertas cosas en particular.

En el caso de un desorden de apego emocional con las personas, el subconsciente se dirige a ciertas personas, porque por lo general, tienen una percepción e intereses en común, y en consecuencia proporcionan mucha comodidad, lo que suele derivar problemas en muchas relaciones.

El apego en la pareja

Durante una relación de pareja, también se manifiestan los tipos de apego que marcaron la personalidad durante la niñez:

Los adultos con apego seguro no tienen dificultad para intimar y confiar en sus parejas. Estas personas piensan que el amor existe y que puede ser duradero. Tienen una confianza general en sí mismos y en los demás, lo que les permite anticipar resultados positivos, incluso durante conflictos de pareja.

Por lo contrario, una persona con apego inseguro en una relación de pareja, tienen demandas emocionales desmesuradas que lo llevan a vivir relaciones íntimas frustrantes. Su miedo a ser abandonadas las lleva a dudar de la sinceridad del otro y por lo tanto, se vuelven sospechosos, celosos, controladores y dominantes.

Cuando el apego es evasivo durante una relación de pareja, la persona no está escuchando sus propias necesidades, por lo que tiende a mantener cierta distancia física y psicológica y están convencidos de que el amor existe sólo en las novelas. Estas personas se autoprotegen de las experiencias de angustia emocional al desactivar las emociones negativas que le permiten sentir nada o casi nada, pero no saben si son o no felices.

Cuando se trata de relaciones sentimentales, es realmente difícil para la persona reconocer cuándo existe un apego seguro o inseguro. Una forma de identificarlo, es haciéndose preguntas a sí mismo sobre la relación.

El apego a lo material

El apego es un enlace emocional que desarrollamos hacia otras personas, pero también hacia objetos y cosas materiales. Este último caso es más perjudicial para la persona, porque puede dar lugar a la avaricia, el egoísmo y a una indiferencia de los valores.

Sin embargo, según los especialistas, hay dos tipos de apego material:

  • Terminal: es el tipo normalmente superficial y vacío, donde se ostentan cosas por sí mismas o para impresionar a los demás.
  • Instrumental: es cuando el objeto funciona como un puente hacia un sentimiento por otra persona o trae un recuerdo de experiencias vividas en el pasado.

En cualquier caso, es importante recordar también que el hombre es creador y usuario de objetos, por lo tanto, su yo es, en gran medida, un reflejo de las cosas con las que interactúa. Lo verdaderamente importante, es poder identificar el tipo de apego hacia ese objeto o material, y ser capaz de poder vivir felizmente sin poseerlo.

Tratamiento

Los trastornos de apego son difíciles de diagnosticar. De acuerdo con las guías clínicas, se debe observar al niño o al adulto, varias veces interactuando con sus figuras principales de apego y obteniendo antecedentes de su interacción con ellas. También se debe observar su reacción con extraños o situaciones extrañas y obtener antecedentes detallados de sus entornos de atención a la primera infancia a partir de múltiples fuentes.

No hay herramientas específicas y validadas para detectar o evaluar los trastornos de apego. El diagnóstico depende completamente de las consultas con los psicólogos, los antecedentes y la observación del comportamiento, entre muchos otros aspectos.

Riesgos del apego

El apego por sí solo, no causa de sufrimiento, pero puede ser el principal desencadenante de una serie de situaciones perjudiciales. Si no se reconoce y se controla a tiempo, puede desatar una serie de situaciones nocivas para la salud tanto mental como física:

  • Desestabilización, desenfoco
  • Estrés
  • Irritabilidad
  • Desórdenes alimenticios

Adicionalmente, los trastornos de apego generalmente coexisten con otros trastornos tales como:

  • Depresión
  • Problemas de interacción social
  • Trastorno de estrés postraumático
  • Retrasos cognitivos y del lenguaje

¿Cómo construir el desapego?

El desapego es una práctica muy efectiva para contrarrestar el apego emocional. Se podría calificar al desapego como el hecho de no necesitar nada, pero no es realmente así. Se trata simplemente de no tener ninguna necesidad de algo o alguien para ser felices y aprender a no obsesionarse con las cosas materiales.

Esto no significa que no debemos poseer nada o que nos limitemos a construir relaciones en las que evitemos vincularnos con los demás, cuando en realidad esos vínculos afectivos nos permiten experimentar el bienestar y la seguridad.

El término desapego puede retrotraernos automáticamente a la filosofía del budismo. Sin embargo, en el campo de la pedagogía y la psicología, también se usa.

Se trata de generar educación y relaciones basadas en un vínculo saludable, en lazos fuertes. Por lo tanto, la misma palabra puede tener diferentes conceptos que debemos entender para construir relaciones más honestas y ser más respetuosos con los demás.

La educación es un vínculo saludable en el que los padres responden a las necesidades de sus hijos, en el que le ofrecen un mundo seguro. Las caricias, los abrazos y el afecto crean un vínculo alimentado por el amor. Estos son comportamientos esenciales para el buen desarrollo del niño.

Por otro lado, las relaciones afectivas basadas en un vínculo maduro son aquéllas que se establecen entre dos personas libres y adultas, que desean construir una relación respetuosa y feliz.

Necesitamos asegurar la conexión que tenemos con las personas que amamos, y eso significa desarrollar un apego saludable que nos permita sentir seguridad y un vínculo sano.

Cómo aplicar el desapego a las personas o cosas materiales

  • Acepta la incertidumbre: al establecer un objetivo, no centres tu atención en el resultado. Aprender del proceso y aceptar la incertidumbre inherente a tus proyectos, es fundamental.
  • No concentres tu bienestar y felicidad en lo que otros hacen o dejan de hacer. Es una fuente de sufrimiento que debes saber cómo distanciarte de ella.
  • Intenta depender sólo de tus propias acciones y sé receptivo con las personas que actúan espontáneamente contigo.
  • No confundas el deseo con la necesidad, ya que no se trata de lo mismo. Puedes tener el deseo de ganar la lotería, pero no debes tener que ganar el premio gordo para resolver todos tus problemas.
  • Cuida tu autoestima, llena tus lagunas con certezas. Date cuenta de que eres una persona completa, capaz no sólo de ser feliz, sino también de hacer felices a los demás.

Aprende a reconocer que las personas inseguras son aquéllas que tienden a estar demasiado apegadas a las personas que las rodean, que quieren tener la mayoría de los bienes materiales, porque llenan sus deficiencias emocionales.

Conclusión

Mucha gente piensa que sin el apego a las emociones, la vida perdería su sabor. Estamos tan acostumbrados a los altibajos, las preocupaciones, el estrés, la ansiedad, que creemos que si todo se va, desaparece todo el amor, la ternura, la alegría, el placer y la pasión que nos permite vivir en el centro de este reino de apego, que al final se basa en tener y no tener, poseer o no poseer, mantener o no mantener, aumentar o no aumentar.

Por lo tanto, debemos aprender que la vida hay que vivirla con la libertad que nos da la oportunidad de disfrutar las cosas sin tener el deseo ambicioso de adquirirlas, poseerlas y mantenerlas. Es intentar retratar una relación basada en la aceptación real y el interés sincero, en lugar de esperar a que la otra persona o cosa, nos aporte algo.

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2 comentarios

  • Me pareció muy interesante el artículo y más en estos tiempos. Lo voy a compartir con algunas amigas y flia.
    Saludos!

    • Esperamos que sea informativo para todos! Gracias por la difusión, Daniela! Esperamos poder seguir compartiendo.

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