El camino al despertar interior, ¿requiere esfuerzo o es una cuestión de gracia?

El camino al despertar interior, ¿requiere esfuerzo o es una cuestión de gracia?

Es muy habitual que más tarde o más temprano en nuestra práctica espiritual personal o sadhana, surja en nosotros una pregunta respecto de la cantidad de esfuerzo que se requiere voluntariamente de nosotros para llegar al despertar interior.

Después de todo, los sabios explican que la iluminación “sobreviene”, no es algo que adquirimos a cambio de algo que hacemos o dejamos de hacer.

Algo parecido sucede cada noche antes de dormir: nos predisponemos a entrar en el estado de sueño – nos ponemos la ropa de cama, bajamos persianas, apagamos la luz y nos acostamos en la posición que más nos gusta – y llegado el momento, el sueño sobreviene cuando quiere. Que tarde tres minutos o tres horas en llegar no está dentro del ámbito de nuestra voluntad; sí, el predisponernos para que llegue.

De modo similar, la iluminación que llega con el reconocimiento de nuestro verdadero Ser – no el ser que imaginamos o pensamos ser – no es el resultado directo de una práctica personal. Esto genera no poca confusión y una mayor frustración entre los practicantes y buscadores espirituales. “¿Por qué hace quince años que medito o sigo una sadhana y no me he iluminado aun?”, pregunta más de uno.

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Esta pregunta es natural y demuestra con contundencia que hay dos aspectos en el proceso iluminativo, además de que es gradual en la mayoría de los casos. Un aspecto es voluntario, y está relacionado a todo lo que hacemos dentro del contexto de nuestra práctica espiritual en cuanto a acciones, actitudes, estudio y abstenciones. No hay dudas de que este aspecto debe ser cultivado, ya que si no lo hacemos, tendemos a “quedarnos dormidos” más que a despertar espiritualmente, porque predominan las tendencias e impresiones pasadas, que nos condenan a la repetición de nosotros mismos con nuestras limitaciones.

Y el otro aspecto es involuntario y se conoce comúnmente como “gracia”: algo que es recibido, regalado, sin necesariamente haber sido merecido. Un ejemplo conocido de esta visita no buscada de la gracia, es el de Saulo de Tarso, quien la Biblia describe como acérrimo perseguidor de los cristianos, hasta que recibe una iluminación repentina tan potente que lo arroja de su caballo y a partir de allí, luego de esta experiencia de la divinidad, su vida queda transformada para siempre y llega a ser San Pablo, ni más ni menos que un santo.

La autora espiritual Byron Katie es un ejemplo contemporáneo y no menos llamativo de esta inesperada expansión de la conciencia o experiencia de gracia: estaba en un estado de profunda depresión, y experimentó una súbita iluminación espiritual, que la llevó no sólo a reconocer su verdadera esencia sino a crear un sistema de indagación de los pensamientos, llamado “The Work”.

Camino al despertar interior
El camino hacia el despertar interior tiene dos aspectos: uno voluntario y uno involuntario

El modo de reconciliar estos dos aspectos del despertar interior, voluntario e involuntario, es en primer lugar reconocerlos. De esta manera, no nos confundiremos ni generaremos expectativas innecesarias respecto de nuestra práctica.

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Tal vez la mejor explicación de cómo decidir cuánto esfuerzo y dedicación poner a nuestra sadhana, reconociendo al mismo tiempo que la iluminación es dada por gracia y no por esfuerzo, la encontramos en el legendario diálogo entre un maestro espiritual y su discípulo, relatado por Anthony De Mello en su libro ¿Quién puede hacer que amanezca?:

“¿Qué acción tendría que realizar yo para alcanzar a Dios?”
“Si deseas alcanzar a Dios hay dos cosas que debes saber. La primera es que todos los esfuerzos por alcanzarlo no sirven para nada”.
“¿Y la segunda?”
“Que debes actuar como si no supieras la primera”.

¿Suena paradójico? Es cierto que ningún esfuerzo personal causará la iluminación, pero aun así, es necesario que nos dediquemos afanosamente a nuestra sadhana, y por un simple motivo: nos prepara para poder despertar.

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Algo que la mayoría de maestros espirituales destacan como prerrequisito fundamental para ese despertar interior es el sincero y ferviente anhelo de alcanzarlo. Las prácticas espirituales nos ayudan a madurar, a purificarnos y a alinearnos cada vez más con nuestra verdad esencial, y de ese modo cultivamos el deseo de liberación, que va poco a poco reemplazando los otros deseos de experiencias pasajeras. La vacilación, la tibieza, la confusión y la inconstancia atentan contra el florecimiento de nuestra conciencia esencial en nuestra experiencia. Por eso es necesario que practiquemos con regularidad, de la mano de guías idóneos, estudiando enseñanzas profundas y verdaderas y junto a compañeros que nos alientan y sostienen en el camino.

Todo esto equivale a preparar el terreno interior y hacerlo fértil, para que cuando lleguen las semillas de la autorrealización, puedan germinar.

De corazón, esperamos que este artículo te sea de ayuda. Después de terminar la lectura, podrás dejar un comentario con tu propia experiencia sobre este tema. ¡Sortearemos un yoga mat entre todos los lectores que compartan sus experiencias!

El gran sabio de la India, Sri Ramakrishna, solía decir que para navegar era necesario desplegar la vela de nuestro barco con nuestro esfuerzo y aplicación, para que cuando soplara el viento de la gracia estuviéramos listos para navegar. Uno de sus discípulos, Swami Turiananda, dijo: “Nadie realiza a Dios por medio de ejercicios respiratorios o cualquier otro método. Sólo es posible realizarlo por medio de Su gracia. Si Él te permite que te quedes esperando a Su puerta, eso es suficiente gracia”.

La gracia ya nos ha visitado y ha plantado en nosotros el deseo de hacer prácticas espirituales. ¿Por qué un buen día se nos ocurre empezar a meditar, o leer enseñanzas espirituales, en lugar de seguir haciendo lo que siempre hicimos? Sólo el toque amoroso de la gracia lo ha permitido, ya que muchas veces, entramos a un camino espiritual sin siquiera imaginar todos los tesoros que nos esperaban más adelante.

Sepamos esforzarnos apropiadamente para cultivar el deseo de autorrealización y, si lo estamos haciendo, agradezcamos que la gracia espiritual ya nos visitó.

Virginia Francisco

Es instructora independiente de Meditación y Espiritualidad. Desde 1986 que da clases y conferencias. Las prácticas de sus encuentros integran distintas tradiciones espirituales, respetando a todas como posibles caminos de Autoconocimiento. Ha participado en cursos y retiros de líderes espirituales como Eckhart Tolle, Mooji y Byron Katie, y se certificó como facilitadora de Mindfulness bajo los lineamientos de MBSR de Jon Kabat-Zinn. Propone un camino de indagación personal y práctica cotidiana que conduce a una conexión con el Ser Consciente, más allá de creencias, limitaciones y condicionamientos, para lograr una vida plena y auténtica.

1 comentario

  • A veces me lo prgunté, siempre pensé que no había respuesta general siino que era algo más personal, en la búsqueda de esa realización también es bueno dejar las preguntas de lado.. Pero creo si, después de unt iempo de búsqueda, que hay quienes pueden llegar a “otros niveles” por cuestiones que no puedo explicar, llegar a estados a los que por ejemplo yo nunca podré llegar. Pero hay que aceptar las posibilidades de cada uno, no frustrarse, aprender a disfrutar el propio camino

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