Ansiedad, depresión, desarraigo, ¿estaba retrocediendo?

En este artículo, Bárbara Weimberg nos cuenta la segunda parte de su experiencia realizando un Ayuno de Agua de 31 días: la realimentación y reincorporación a su vida en la ciudad. Si te perdiste el comienzo de esta historia, te invitamos a que leas la primera parte, “Soltar todo para recibir el todo“, disponible aquí.

Desbalances hormonales… ¿un retroceso?

Para cuando terminé la realimentación posterior al ayuno (14 progresivos días) llevaba ya unos 15 meses sin tomar la medicación y me sentía cada día más fuerte, rápida, enfocada, esclarecida, expandida en todos los aspectos. Las semanas pasaron y en un invierno intenso las ganas de familia me trajeron del paraíso tropical a la fría Buenos Aires. Sin casa ni trabajo, volví a lo de mi familia donde no había vivido en casi 4 años, creo que a empezar una realidad nueva.

Fue entonces que empecé a notar que algunos signos del Hipotiroidismo empezaban a aparecer. Nunca había estado sin medicación por tanto tiempo así que me era difícil identificarlos pero ellos se encargaron de sobrepasar mi observación inexperta: el pelo empezó a caerse de a mechones (ducharme era una tortura), mi piel tersa y brillante se oscurecía y resquebrajaba, me dolían las articulaciones, la menstruación brillaba por su ausencia y lo más difícil de todo: pensamientos ansiosos y depresivos ya eran capaces de impedir mi meditación.

¿Qué me estaba pasando? Lo que hacía unas semanas era una experiencia cotidiana de plenitud se había vuelto en el más duro recordatorio de la impermanencia misma. No era capaz de hablarlo con nadie, creía estar enloqueciendo, desempoderada y en plena crisis de identidad hasta llegué a tener pensamientos de suicidio.

Cuando mis investigaciones, un análisis de sangre y la ayuda de muchas personas guías me llevaron a entender que el desequilibrio era principalmente causado por la falta de hormonas Tiroideas, de inmediato aunque con algo de resistencias empecé a tomar Levotiroxina de nuevo.

El tiempo fue pasando y mi claridad mental poco a poco llegaba de vuelta. Logré reconectar con mi poder personal, generando espacios más afines a mis necesidades y las dificultades de la vida cotidiana ya se iban disolviendo. Y si bien una parte de mí sentía el peso del fracaso, otra cada vez más sabia entendía que lo que estaba viviendo era una parte indispensable de la misma sanación. Me llevó muchos meses entender que en el afán de cumplir con mis metas y escuchar voces ajenas más fuertes que la propia, había forzado a mi organismo a acelerar un proceso imposible de abreviar.

Y así es que a los humanos muchas veces el medio se nos transforma en fin, y en el andar apurados olvidamos para dónde íbamos y cuál era nuestro objetivo inicial. Terminando en muchas ocasiones por generar estrategias opuestas a nuestras propias necesidades. Ahora no sólo tocaba esperar que el pelo vuelva a crecer, que la mente se serenara, sino principalmente que mis intentos por estar bien no sean socavados por la ignorancia y el miedo.

En medio de todo esto, me mudé, inaguré Espacio Yoga Tierra en Saavedra, expandí un emprendimiento a escalas impensadas, tripliqué mis ingresos, consolidé metas que parecían imposibles y empecé a caminar más despacio y segura. Pero había algo que nunca había terminado de acomodarse porque el ir despacio me era muy difícil y eso se estaba reflejando en mis hábitos más primarios como comer y dormir. Tenía hambre y ansiedad frecuentes, había aumentado de peso súbitamente, no lograba dormir antes de las 00 hs y no sabía qué más estaba haciendo mal. Nuevamente la frustración, la incertidumbre y la desesperanza se hacían presentes, pero meses después de haber vuelto a tomar la medicación prescripta por la doctora, un nuevo análisis de sangre explicó por qué: de nuevo, estaba pasada de dosis.

Clases en línea de yoga, meditación y más

¿Otra vez esta experiencia? No lo podía creer… pero el alivio y la claridad que da una respuesta en medio de tanta incertidumbre supieron guiarme y ayudarme a ver la buenísima noticia que esto implicaba: cuando volví a tomar la medicación nunca estuvo la posibilidad de reajustar la dosis después del ayuno. Ni la doctora ni yo imaginamos que los cambios podrían ser tan eficaces, pero así era: mi cuerpo necesitaba una dosis menor a la de antes del proceso y esto significaba que realmente se estaba curando.

Claro que los tiempos nunca serían acordes a los de mi mente y sus expectativas, pero la sanación ahora era demostrada por un exámen de laboratorio y esa fue la prueba que mi testaruda cabeza necesitaba para saltar más alto. Ese día me colmó la alegría.

De corazón, esperamos que este artículo te sea de ayuda. Si crees que puede ser de utilidad a otras personas, no dudes en compartirlo. Después de terminar la lectura, te invitamos a dejar un comentario con tu propia experiencia. ¡Sortearemos un yoga mat entre todos los lectores que comenten!

Y así fue que hasta hoy voy notando cambios muy graduales como que luego de tres meses de la dosis correcta mi peso lentamente va volviendo a la normalidad junto con los niveles de ansiedad y hasta el ciclo menstrual que hacía más de un año que no tenía. Con un pasado de vincularme con mi cuerpo y con el alimento desde el desamor, fue muy desafiante el observar y sentir cambiar tanto mi figura física hasta el punto de una máxima incomodidad en mí misma. Y ese es mi aprendizaje hoy: sentir, mover y mirar mi cuerpo como un templo donde se expresa la vida, viendo más allá de su forma exterior y desde ese lugar compasivo y respetuoso poder mejorarla con amor. Soltar la vergüenza y las ideas de fracaso desde la certeza de que los procesos vitales de evolución están llenos de impermanencia, inestabilidad y lo que de cerca pueden parecer avances y retrocesos en realidad son un fenómeno similar a las olas del mar que pareciera que siempre están en el mismo lugar pero en realidad están modificando la composición de todos los océanos del planeta.

“Sentir, mover y mirar mi cuerpo como un templo donde se expresa la vida”

Permitir que nuestra perspectiva esté atenta a las posibilidades, observar la experiencia como desde arribita para poder vernos a nosotros mismos en ella y recordar la dirección en la que queríamos ir es un don que todos tenemos para desarrollar y es la única vía posible para vivir la vida que merecemos y queremos vivir. Ejercitar la memoria de lo esencial más allá de las inestabilidades del momento nos permite seguir conectados con nuestros recursos naturales (la respiración, el sentir, la intuición y la conexión con el otro) y potenciarlos en favor de nuestros objetivos. Incluso cuando parece que estamos retrocediendo, puede que simplemente no estemos contemplando todo el espectro de la experiencia y en eso se nos pierdan las estrategias que realmente nos sirven.

Nuestro cuerpo tiene memoria ancestral que sigue activa y despega cada vez que tomamos agua, nos hacemos un mimo, comemos con amor o damos un abrazo. Y siento que despertar esa inteligencia adormecida en cada uno debiera ser una de nuestras metas fundamentales si realmente queremos sentirnos plenos y mejorar el mundo.

Esta historia lejos está de terminarse para mí, pero hasta hoy me deja una enseñanza inmensa sobre escuchar mi intuición por sobre la voz de mi cabeza que en general solo sabe temer, especular y estructurar. Validar mi proceso desde el sentir por sobre el pensar me llevó a lograr cosas más grandes que mi lógica; a soltar los miedos más inmanejables para recibir experiencias de expansión, abundancia y realización personal; y sobre todo a amarme a mi misma como la aprendiz que soy y brindarme desde ese lugar a la conexión conmigo misma y con el otro.

Hoy miro mi sinrazón, mi gordura, mis desesperanzas, mis miedos como miro mis alegrías, mi belleza, mis motivaciones y mis logros: todos son parte de mí expresándose en constante evolución, sin vuelta atrás, en diferentes velocidades y energías… por más grande que sea la duda, sé que la única posibilidad ahora es despertar y que mi estado natural es la salud.

Espero este testimonio te ayude a verte con compasión, a entender tus procesos y hacerte cargo de la inmensidad de recursos que están disponibles hoy para vos. Porque al igual que yo, sos parte del Universo y nuestra única ruta posible es aprender a amarnos y evolucionar. Gracias por darle visibilidad a mi historia. Gracias por ser.

Experiencia Yoga

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Ansiedad, depresión, desarraigo, ¿estaba retrocediendo?
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7 comentarios

    • Nos alegra que hayas podido sentirte identifcada con la experiencia de Bárbara, Auri! Gracias por dejarnos tu comentario. Namaste!

  • Me encantó leer su experiencia. También sufria de hipotiroidismo y quise dejar la pastillita para curarme con la alimentacion. Por ahora voy bien aunque sigo con controles. Muchas gracias por compartir. Bendiciones!!

    • Genial, Debby! Con voluntad y responsabilidad se pueden lograr cambios increíbles 🙂

  • Hola como estás, tengo hipotiroide y hoy es un día muy malo para mi,mi pelo cae a mechones,tengo mucho sueño ,tengo depresión y ataques d pánico, casualmente hoy pensaba q no tiene sentido vivir así. ..leí este artículo, los médicos no explican nada y no sé q hacer tomo levotiroxina pero cada vez estoy peor,estoy perdida! Sin ganas,no sé q hacer!

    • Hola Susana! Lamentamos que estés pasando por un duro período de tu vida. Si bien te recomendamos seguir intentando con nuevos profesionales de salud para buscar las causas de tus afecciones, también te animamos a tratar de buscar una explicación mediante métodos introspectivos. No es necesario que realices una experiencia drástica, como el ayuno de agua del que Bárbara nos hablo en su primer artículo, pero actividades como el yoga y la meditación pueden ayudarte a encontrar respuestas en tu propio interior, y brindarte herramientas para superar las crisis emocionales, así como los síntomas de la depresión.
      Esperamos que puedas encontrar el camino. Déjanos saber si podeos ayudarte de cualquier manera.
      Namaste.